Preguntas frecuentes
¿Cuándo empezar terapia?
- Los motivos para comenzar una terapia pueden ser muy diversos y dependen de cada persona. Es habitual iniciar un proceso terapéutico cuando sentimos que estamos atravesando un momento de malestar importante y no podemos gestionarlo por nuestra cuenta.
- Todo malestar merece ser escuchado y comprendido para obtener una mayor perspectiva sobre lo que está ocurriendo. Este malestar puede manifestarse de distintas formas: ansiedad, angustia, crisis personales, inseguridades, dificultades relacionales, depresión, entre otras.
- Otro motivo para empezar terapia es el deseo de iniciar o continuar un proceso de autoconocimiento y desarrollo de la conciencia personal.
¿Cuánto suele durar un proceso terapéutico?
La duración de una terapia puede variar considerablemente, ya que los motivos de consulta son diferentes en cada caso. Generalmente, cuando se trata de comprender, integrar y transformar patrones personales que generan malestar, el proceso suele requerir más tiempo.
En otras ocasiones, puede ser suficiente con tomar mayor conciencia de una situación concreta para identificar qué estamos necesitando y encontrar nuevas formas de afrontarla.
Se trata de una pregunta compleja que podemos empezar a explorar en las primeras sesiones, una vez que conozcamos mejor tu demanda y objetivos.
¿Me sentiré mejor? ¿Voy a mejorar?
Ese es precisamente el objetivo de la terapia: ayudarte a sentirte mejor. Alcanzarlo dependerá de diversos factores, como tu implicación en el proceso, la naturaleza de la dificultad que estés atravesando, el tiempo dedicado al trabajo terapéutico y la calidad del vínculo que construyamos.
La terapia es también un espacio para observar el progreso, revisar aquello que va cambiando y ajustar el rumbo cuando sea necesario.
¿Puedo cambiar si hago terapia?
Esta es una pregunta muy interesante y, al mismo tiempo, compleja.
Es habitual comenzar terapia deseando cambiar o mejorar alguna parte de nosotros mismos: inseguridades, miedos, rabia, tristeza o determinadas formas de relacionarnos. Este deseo es legítimo y suele indicar que algo nos está generando sufrimiento.
Sin embargo, en ocasiones, el propio deseo de cambiar puede aumentar el malestar, ya que genera una tensión entre lo que nos sucede y lo que creemos que debería o no debería ocurrirnos. Esta tensión es comprensible y, a la vez, constituye una parte importante del trabajo terapéutico.
Parte del proceso consiste en acercarnos a aquellas partes de nosotros que no nos gustan o nos hacen sufrir, para poder conocerlas, comprenderlas, atenderlas y, cuando sea posible, aceptarlas.
Existe una paradoja bien conocida en psicoterapia: cuanto más luchamos contra una emoción o experiencia interna, más difícil resulta que cambie. Hasta que no podemos dar espacio al malestar y legitimarlo, suele ser difícil que este se transforme o disminuya.
Aunque esta idea pueda parecer sencilla de comprender intelectualmente, integrarla suele requerir un proceso.
¿En qué idioma puedo hacer terapia?
Es importante que puedas expresarte en tu lengua materna. Puedo acompañarte tanto en catalán como en castellano.
La lengua materna suele estar profundamente conectada con nuestro mundo emocional. Es la primera lengua con la que aprendemos a relacionarnos con el entorno y aquella en la que habitualmente hemos recibido afecto, consuelo, normas, conflictos, amor o miedo durante la infancia.
Por ello, muchas experiencias emocionales tempranas quedan asociadas a esa lengua y, al utilizarla, suele existir una conexión emocional más inmediata y profunda.
¿Qué técnicas o herramientas se utilizan?
Las técnicas y herramientas que utilizo se orientan principalmente en dos direcciones: la toma de conciencia y la regulación emocional.
La toma de conciencia
Consiste en aumentar la comprensión sobre lo que nos está ocurriendo. Para facilitar este proceso pueden utilizarse diferentes recursos, como la conversación terapéutica, las preguntas, la exploración de las distintas partes implicadas en un conflicto o el trabajo corporal para observar cómo vivimos determinadas experiencias.
La regulación emocional
La regulación emocional es la capacidad de modular la intensidad de las emociones y las sensaciones para recuperar el equilibrio o hacerlas más tolerables.
Esta capacidad comienza a desarrollarse durante la infancia y está relacionada con cómo nuestros cuidadores pudieron acompañar y responder a nuestras necesidades emocionales. A través de este proceso pasamos de la corregulación a la autorregulación.
Cuando somos adultos, la terapia puede ayudarnos a fortalecer y ampliar esta capacidad. Para ello, el primer paso suele ser desarrollar una mayor conciencia emocional y corporal, así como validar aquello que estamos sintiendo.
Una vez identificamos lo que nos sucede, existen principalmente dos formas de regular las emociones:
La primera consiste en explorar la necesidad que expresa la emoción y encontrar una forma adecuada de expresarla o llevarla a la acción. Las emociones son respuestas adaptativas del organismo y, en ocasiones, una emoción intensa puede indicar que necesitamos realizar algún cambio, poner un límite, pedir ayuda o expresar algo importante.
La segunda consiste en darle espacio a la experiencia emocional. Cuando no es posible actuar —porque la situación no lo permite o porque existen bloqueos internos—, la regulación pasa por aceptar y sostener aquello que sentimos. Cuando logramos hacerlo, la intensidad emocional suele disminuir progresivamente.
Para ello es importante disponer de recursos. Los recursos son herramientas que nos ayudan a sentirnos más seguros, a permanecer conectados con el presente y a no quedar atrapados en escenarios mentales que no pertenecen al aquí y ahora.
De forma resumida, podemos entender la regulación emocional a través de dos grandes vías: la acción y la aceptación.